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Croacia…un país por descubrir (Inmaculada 08)

12 Dic

Este puente de la inmaculada se me antojó ir a conocer mundo y por esta razón cogí el coche y a un amigo de copiloto y nos fuimos a conocer este país tan inhóspito. No había mucha información sobre que ver, pero me marqué dos objetivos: las isla de Rab (porque en Trento ya hay nieve todos los días a punta pala y me apetecía playita) y el parque natural de Plitvicka (por la UNESCO patrimonio de la humanidad) con unas cataratas y un entorno que dicen que recuerdan al amazonas.

El viernes 5 salimos tarde de Trento porque mi amigo trabajaba y nos paramos a dormir en el camino en algún pueblo en la región de Veneto.
El sábado 6 nos pusimos en marcha a eso de las 11:30 y ya fuimos del tirón a Croacia. Al pasar la aduana ya tuve la primera experiencia policial. Lo habitual, es pasar por un puesto de aduana donde te sellan el pasaporte y luego ya está, pero aquí tienes que pasar por dos puestos y además el segundo puesto con una barrera levantada y un STOP que está dibujado en el suelo pero que si vas mirando al frente como yo iba haciendo, buscando carteles, pues te lo comes. Y así fue, me salté el segundo puesto de la aduana y volví hacia atrás pidiendo disculpas cuando me percaté que era un puesto de aduanas con agentes dentro.Pues el agente se puso super borde, hasta me hizo bajar del coche y leer el STOP del suelo,le pedí disculpas en todos lo idiomas y al final, como ya estaba pesado, bajé la cabeza y no le hablé más hasta que me dejó que volviera a subir al coche y continuar. ¡Será cretino! Mi copiloto me iba tranquilizando en el coche porque yo iba ya caliente con el policia, ya sabéis como me pongo con estas cosas, solo le faltó al poli darme unos azotes por no ver el STOP. Pasada la rabieta me empecé a fijar en el paisaje; me recordó mucho al pirineo Navarro, con grandes extensiones de bosque en esos tonos marrones del otoño y muy salvaje, sin tocar casi nada. La costa era como yo me imagino las islas griegas, con pueblecitos en las orillas del mar que descienden por las colinas. Todo se veía muy bonito. Llegamos a Rijena en 1 hora más o menos y allí conseguimos cambiar dinero de euros(€) a kunas (Kn). El cambio es 1€=7,3Kn. En este sentido Croacia es barato, para un sueldo de estudiante llega. Pasamos por encima del pueblo de Bakar, un pueblito muy lindo metido en una bahía.
Seguimos hasta la isla de Krk de donde partía nuestro ferry a la isla de Rab. El peaje fueron 40kn para entrar en la isla. Está chulo el puente que han hecho para acceder a la isla sobre el mar adriático, aunque los he visto mejores desde el punto de vista ingenieril. Nos tomó como 20min llegar al puerto y cuando llegamos preguntamos en un bar (porque allí no había ni el tato) sobre la venta de tickets del ferry y nos mandan a otro bar porque allí no sabían nada (algo de inglés) y en el otro bar estaban más despistadas las camareras que yo que sé, porque me dicen que no hay ningún barco que ya se fue el de las 15 y le digo: “bueno es que son las 14:45”, entonces me mira la camarera y se encoje de hombros como que no va a venir el barco. Como era la hora de comer y las camareras del otro bar nos parecieron más majas, pedimos un buen plato de carne variada y una ensalada para esperar mientras veíamos que pasaba con el ferry.
Yo pensaba que ya estábamos como siempre, cambiando los planes sobre la marcha y así fue, poco después me veía comprando un billete para la isla de Cres porque no se hacían viajes a la isla de Rab. Y así fue, que llegó el momento de subir en el ferry con el coche y dejé a mi compi sentado con la comida mientras corría a meter el coche,luego el que corría era él con unos tapper en la mano para no perder el ferry.
El viaje fue tranquilo pero ahora estaba la incógnita ¿dónde vamos?. Cuando amerizamos en la isla nos llevó como una hora llegar al destino que se me antojó Mali. Buscamos un hotel y al final nos quedamos en uno llamado Alhambra, a los pies del mar. Cuando abrías la ventana de la terraza oías su murmullo incesante..era idílico, un bosque denso con casetones de estilo colonial que eran hoteles que daban al mar y en algunos casos a la playa de piedras. El agua era cristalina y se veía de un color turquesa un tanto diferente del acostumbrado azul oscuro del mediterráneo de Benidorm o el Atlántico de Tenerife.
Bajamos a cenar a eso de las 23 al centro del pueblo y nos encontramos con gente muy pintoresca aunque muy amables. Por norma general con los croatas que hablamos eran gente sencilla y que trataban de agradar al visitante. Muchos sabían italiano y algunos inglés,se nota quienes van de visita a este país en eso de la lengua y en que al final acabamos en una pizzería, porque el recepcionista del hotel nos dijo que en invierno hay que cenar antes de las 22 aunque en verano están hasta tarde. Ciertamente si mi idea era perderme en una islita desierta en un pueblito, lo había conseguido casi 100%. En la pizzería también encontramos gente extraordinaria, porque cuando decidimos entrar a comer se desvivieron por atendernos, pero curiosamente, en la terraza en la que estábamos el suelo estaba lleno de agua porque ¡habían regado una maceta sin plato debajo y encima la planta era de plástico!. El mantel era reciclado de otra mesa con alguna manchita y cuando por fin nos decidimos a pedir no tenían casi nada, teníais que ver la carita de la chica que al principio a cada cosa que pedíamos decía sorry y al final ya solo gemía un poco con un “hummm” acompañado de cara de pena y gestos de cordero degollado. Las pizzas al menos estaban buenas.
Luego nos fuimos a pasear un poco por el paseo del mar que estaba al lado del hotel, era increíble la temperatura tan buena que hacía, habíamos pasado del frío invernal de Trento a la cálida costa croata que todavía guardaba los restos del verano.
Al día siguiente (7-12-08) al levantarme lo primero que hice fui ir a pasear por el mar. Fue un paseo increíble porque no había nadie excepto los pescadores de la zona. Estaba tan sola que daba miedo, con esos bosques densos y salvajes y el contraste del apacible oleaje del mar mientras el sol bañaba ya la costa frente a mí. De pronto me percaté que era extranjera en el país y lo mismo no era prudente seguir alejándome sola, por lo que comencé mi regreso. A esto que pasó un italiano corriendo, que casi iba tan rápido como yo andando, aceleró un poco y en la curva se paró y se puso a andar jejeje, me dió pena pillarle por lo que me puse a hacer fotitos hasta que le vi que ya iba bastante lejos…¡después del esfuerzo que había hecho por pasarme! Cuando el sol ya daba en el balcón de nuestra habitación, llamé por teléfono a mi compi de viaje para despertarlo y que se asomara…estaba espectacular. Luego fuimos a desayunar (que probé la mermelada de rosa de mosqueta) y a toda prisa partimos hacía el ferry que nos devolvería a la ínsula para seguir camino al segundo objetivo: El parque de Plevitce o plivitcka.En el ferry nos despedimos del buen tiempo, ya que ahora nos dirigiríamos hacía los Alpes croatas y la temperatura ya no sería la misma.
La carretera hacia el parque tuvo de todo: costas, niebla, paisajes de vistosos colores marrones y rojos del otoño y hasta pudimos ver a una gaviotas en plena acción.
Entramos en el parque de plevitce por una carretera que lo atravesaba. Los bosques eran impresionantes y en el camino nos encontramos con lo que pensamos sería un molino o una serrería a la antigua usanza. Al final decidimos que debía de ser molino porque las serrerías necesitan más espacio para los troncos.
Ya estábamos otra vez enganchados al carro del frío. Seguimos camino a través de los inmensos bosques del parque pero no vimos ninguna señal de las famosas cataratas,yo ya pensaba que no lo conseguiríamos, de hecho como el parque era tan grande y Croacia no está todavía demasiado preparada para el turismo y por eso no se indica casi nada, yo pensaba que ya nos las habríamos pasado. La carretera además cada vez era más angosta y con más hojas sobre el asfalto, como si por allí no hubiera un alma. En una de las curvas con la aglomeración de las hojas el coche se fue un poco, cosa que jamás me había pasado, ¡imaginaos cómo estaba el suelo! Al final llegamos a la carretera principal y tomamos camino a Trieste, ya era tarde y la noche caía inexorablemente. Llegamos a un pueblito que ponía que era de ski y por suerte encontramos a una pareja croata que nos indicó dónde estaban las cascadas y era un poco más adelante. Ya vimos los parking y nos fuimos a investigar. El parque está dividido en 2 parkings. Si se viene desde Zagreb se llega al parking 1 que es donde está la gran cascada y luego está el parking 2 que es donde se encuentra un lago grandecito con cascadas consecutivas y han puesto barcos de turismo. Como nosotros llegamos a las 18 ya era de noche y estaba todo cerrado, aunque yo diría que estuvo cerrado todo el tiempo porque los parkings tenían tapados los dispensadores de tickets y parecía como si estuviera muerto. Nosotros empezamos la visita por el parking 2 pero no se veía casi nada sin tener que andar un buen trecho, por lo que solo dimos una pequeña vuelta al lago.
En el parking 1 nos esperaba lo mejor, la cascada era increible y lo mejor de todo es que pudimos acercarnos hasta los pies de la misma y notar toda la fuerza de la caída. Te llegaban ráfagas de aire con agua continuamente y hacía un fresquito…
“¡Las cascadas son para el verano!”-Pensé.
Me gustó mucho sentarme allí en lo alto de una roca mirando como la luna iluminaba la cascada y el cielo estaba lleno de estrellas, sintiendo toda la explosión del agua sobre el suelo. Me decía a mí misma que merecía la pena el viaje para estar allí en ese momento bajo la luna, sintiendo el frío en la cara y ante esa maravilla de la naturaleza.
Ya de vuelta al coche sentía que se habían acabado las emociones y que ya el viaje llegaba a su fin. Iba pensando en todo lo que había visto, las sensaciones esas que te quedan y que vas asimilando en el retorno. Paramos a comer algo en un barecito porque yo estaba que me caía de sueño y eso que habíamos parado a dormir un rato. Estuvo muy agradable. Esto es algo que me llamó la atención, ya que Croacia no tiene mucho dinero, pero hay muchísimos bares/cafeterías en las carreteras y como tienen mucho espacio, las casas son todas enormes. No existen vayas, de verdad, la gente no limita sus zonas, yo pienso que es porque cada uno tiene su jardincito frente a la casa y respecto al resto como hay terreno de sobra.
Seguimos hasta Trieste y yo ya necesitaba un baño con urgencia…tras preguntar en varios hoteles que costaban, el más barato 90€, fuimos a la estación de trenes y resulta que el baño lo cerraban a las 22. Preguntamos al empleado del kiosco de tabaco y la contestación fue impresionante:”aquí no hay baños públicos por seguridad abiertos más tarde de las 22 por los drogadictos, pero pienso que en toda Italia pasa lo mismo”. En fin, parece que Trento no se ha apuntado a esta moda, menos mal y al menos existe un baño público 24 horas. Me tomé un té en un pub y pasé al baño. Luego seguimos camino y al final, al llegar a Monfalcone a la 1 de la mañana decidimos que era hora de preparar el coche porque los hoteles estaban caros, no encontramos ninguna “camere Zimmer” (supongo que son habitaciones, tipo pensión en España) que vimos muchas antes, ni nada de nada. Siempre que piensas que las aventuritas ya pasaron, la vida te pone del revés. Tras encontrar un monte vecino, bajamos a Monfalcone para comprar agua y luego ya subimos a dormir. Mi compi pasó frío (no era un aguerrido montañero), pero lo que soy yo, dormí como un tronco, como siempre. Y lo gracioso fue un cazador que por la mañana ni corto ni perezoso, estábamos hablando tranquilamente en el interior del coche todavía en pijama y empezó a asomarse y a hacernos gestos y reirse…¡un poquito extraño! Aunque a estas alturas de la película y con los ejemplares que hemos conocido en el viaje, ya no me extraña nada. Fuimos costeando para ver si podíamos desayunar y el primer bar abierto lo encontramos a unos 50km, está claro que la gente estaba celebrando la inmaculada totalmente, pero tras un buen desayuno y una apuesta que he perdido sobre las garrapatas (yo creía que los ácaros no pertenecían a la familia aracnidae) seguimos dirección Trento ya por el peaje y como me suele pasar ultimamente, me equivoqué de salida y acabamos en Verona centro tomando unos arancini, una frittata y de postre algodón dulce.
Ya en Trento, de regreso al frío invierno con su nieve y todavía con el recuerdo del calorcito del sol sobre la piel en Croacia, caí en la cama y no desperté hasta la cena.
Mi valoración es que Croacia es un país de instintos, ya que casi no hay gente, hay mucha naturaleza inexplorada y la diversión radica en encontrar las sensaciones que te ofrecen su mar adriático, sus islas, sus gentes y su desbordante fuerza natural. TENGO QUE VOLVER ALGÚN DÍA.
Besos, ciao, ciao.

Comments

Javi – 16/12/2008 14:15:29

Mi hermana estuvo hace poco en dubrovnik de viaje de novios. Realmente fueron en uno de esos cruceros que pasan por 5 o 6 lados. Y uno de ellos fue esta ciudad croata. Por lo que sé, le gusto más que la Venecia así que debe ser bonito croacia o muy feo Venecia😀. Xc, con tanto campo cerca y zona boscosa… quien quiere baño público😀

 
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Publicado por en 12 de diciembre de 2008 en Europa, Viajes

 

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